Voy, a confesarte cada noche, que te quiero, pero que me encantaría odiarte, y no puedo. No es posible, que siga esperándote, después de tanto tiempo. No es justo, que te quiera por no poder odiarte. Ojalá, pudiese hacerlo, porque eso acabaría con mi sufrimiento. Imagínate, de repente se borra de mi mente todo aquello que está relacionado contigo amorosamente, y se cambia por odio, mucho odio. Todo sería mucho más fácil. No sería yo, la que no puede seguir adelante. No me costaría nada, dejar de mirarte a cada segundo. Sería muy perfecto olvidar hasta tu nombre. No recordar haber hablado contigo, ni una sola vez. Pero no se puede, a menudo olvidamos días maravillosos, pero ¿a que siempre recuerdas los días malos? ¿A que recuerdas exactamente el día que se murió tu querido perro, pero no consigues recordar que día fue cuando te lo regalaron? Puedo acordarme del último día una y otra vez, pero no del primero. Fue, tanto tiempo, que ya no se si valió la pena. No es nada justo, no poder odiarte ni un poco después de todo. Adiós a las promesas y a los "para siempre". Adiós a tu sonrisa. Adiós a todo, porque sin ti ya no me queda nada. Ojalá cada adiós fuese un hasta luego y cada te odio un te quiero. Y cada te quiero un te odio, y cada hasta siempre un si te he visto no me acuerdo. Ojalá las despedidas fuesen completamente frías. Tan frías, que todo se acabase ahí. Que después de que cada uno se vaya por su lado, yo no me parase ni un solo segundo a pensar en ti y en todas las estupideces que hicimos juntos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario