Hay veces que cometemos errores que nos llevan a situaciones difíciles de afrontar. Situaciones en las que llorar no es más que la salida que pase lo que pase no debemos tomar. Hay que tener mucha fuerza (creeme), para dejar escapar tu vida. Lo que más significaba se va llendo y tú, te quedas impotente, viendo como cada momento que pasasteis juntos, desaparecen en el puto tiempo. Hay que ser muy fuerte para dejarle ir sin más, solo por el echo de quererle, solo porque él lo era todo. Ese todo, hoy es nada, o al menos debería serlo. He dejado de mirarle a cada segundo, pero siempre está ahí, vaya donde vaya. En las escaleras, en la salida, en todas partes, está para recordarme que si quiero puedo dejar de pensarle a cada instante. O tal vez para sugerirme que no abandone, que luche, que siga jugando. Pero hace un tiempo que decidí que todo iría mejor si nuestra vida juntos volviese a ser una por cada respectivo lado. Él no sufre, y yo.. simplemente paso página. O lo intento. En este caso intentar no es suficiente ¿sabes?. Tengo que conseguirlo. Tengo que dejar que me gane el tiempo, como me tendría que ganar el ordenador en una partida del solitario. Tengo que hacer todo lo posible para que se me agote la última vida, el as que guardo en la manga, la última oportunidad, la última lucha en la guerra; porque un me rindo no es suficiente. Rendirse no sirve. Tienes que perder y llegar al punto de perder muchas veces, para darte cuenta de que es hora de dejar de jugar, plantarlo todo y dejar que la vida, te venza una última vez, porque tú, y solo tú quieres.

No hay comentarios:
Publicar un comentario