jueves, 26 de abril de 2012

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Fue el primero antes que nadie y el último después de todos. El primero de mis listas, el más especial que conozco...pero el tiempo demuestra y descubre. Al fin y al cabo nadie es perfecto. Podría acostumbrarme a sus niñerías, pero tras nueve meses maduré y quizá él solo siga siendo mi niño. Me gusta que siga siendo inocente pero travieso, pero a lo hora de demostrar lo capaz que es de ponerse a mi altura, se nota que pese a todo, solo sigue siendo él, con sus años, su mentalidad, su inmadurez, sus inseguridades, sus gilipolleces de crío, y siendo sincera, para mi, eso si es un problema. Ya no puedo verle con los mismos ojos y sé que el me sigue viendo tal como era. Pero las cosas cambian. Es un crío en más cosas que en los años. No puedo negar que me llevó al paraíso, pero el paraíso ya no me sorprende. Todo es rutina, y eso es algo que no me incita. Supongo que planeé quererle y ya se sabe que los planes siempre fallan. Quizá me equivoqué, pero nunca es tarde para solucionarlo. Mis prioridades cambiaron a mi vez. Una vez que los besos han callado tonterías, es hora de ser sincera con una misma. Ya nada es lo mismo, y eso es lo primero que sé de cierto. Lo segundo es que no quiero hacerle daño. Y lo tercero, que las palabras podrán ser duras, pero más vale cortar por lo sano. Lo vi venir, pero no supe  pararlo. Todo es ambiguo, todo es doloroso, todo es jodido. No hay nada mejor que dejar las cosas claras. Nos perdimos por caminos difíciles. Nos caímos ante piedras más grandes que esta. No puedo negar que me llevó al paraíso, pero el paraíso ya no me sorprende. 

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